Bob Flanagan, supermasoquista.

5 08 2007

“La gente piensa que los masoquistas no son personas fuertes. El estereotipo es que son débiles y llorones, lo que no es cierto. El masoquista debe conocer su cuerpo perfectamente bien y controlarlo totalmente, para poder pasarle ese control a otro o para controlar su dolor. En realidad es una persona muy fuerte. Es la fortaleza que me sirve para combatir mi enfermedad”.
Bob Flanagan

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En 1994, el artista Bob Flanagan presentó una muestra de sus trabajos en el New Museum of Moderm Art de Nueva York. La exposición tuvo éxito inmediato y levantó mucha polémica. La noche de su cumpleaños 42, Sheree Rose, esposa de Bob filmó una entrevista en la que entre otras cosas ella repreguntaba a su marido si le gustaba estar en Nueva York, a lo que Bob respondió muy molesto: “No me gusta ni estar vivo”. Su afirmación podría parecer la réplica de un artista que desprecia el éxito, en realidad Flanagan tenía fuertes motivos par dar esa respuesta.
Bob había nacido con fibrosis cística, una terrible enfermedad que le da a los que la padecen una expectativa de vida no mayor a los 20 años, dos décadas llenas de sufrimientos y tratamientos penosos, frecuentes entradas y salidas a los hospitales, Bob había duplicado esa expectativa de vida y también sufrido por el doble de tiempo su enfermedad, así que probablemente no había nadie con mayor razón que él para quejarse de seguir con vida.
El arte de Flanagan tenía mucho que ver con esa actitud hacia la vida, de muy joven su inspirado catolicismo le había servido para tratar de reprimir sus poderosas tendencias masoquistas, sin embargo las ganas de satisfacerse mediante el dolor terminaron por derribar los muros que su religión le había impuesto y terminó por imponerle al Cristo crucificado el título de Primer Supermasoquista. A partir de allí su vida sería una carrera por llevar a los límites su filiación por el dolor.

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El tiempo traería presentaciones públicas en las que Bob asumía los roles de performer, músico, poeta y realizaba actos de masoquismo extremo. Estos actos resultaron siendo atracciones para la multitud así como osadas formas de darse a conocer como artista singular. Uno de los trabajos de Flanagan que más me ha impactado tiene que ver con una serie de retratos fotográficos titulada: “Muro del dolor” (1982), un grupo de primeros planos en los que se registra las expresiones de dolor y satisfacción en el rostro de Bob -ahora convertido en artista visual por derecho propio- en varias sesiones de masoquismo.
Flanagan, persona y artista, marcó la vida de otros seres empezando por su familia. Su madre al ver el libro que reseñaba los actos masoquistas de su hijo exclamó: “y dónde estaba yo cuando todo esto pasaba”, trataba de explicarse las razones por las que Bob había hecho de su personalidad masoquista un objeto de arte. A su vez, una joven canadiense que padecía de la misma enfermedad del artista, se convirtió en una acérrima fanática de su valor por ser y hacer lo que para otros podía etiquetarse como una forma pervertida de vivir. Sarah Doucette, tal era su nombre, no esperaba llegar a los 25 años de vida, al cumplir esa edad y felizmente casada, no podía dejar de agradecer la influencia que Bob había ejercido en ella al darle verdaderos motivos para seguir viviendo.

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En el documental “Sick: The Life & Death of Bob Flanagan, Supermasochist”, Flanagan aparece dando testimonio de su vida y su arte. El director Kirby Dick pasó mucho tiempo registrando las exposiciones y performances que Bob realizaba, y entrevistando a las personas más cercanas al artista. La película no se ha proyectado comercialmente en el Perú –tal vez nunca la estrenen- pero se puede conseguir en el circuito underground donde se vende una copia pirata del documental. En ella podemos ver los últimos días de vida de Flanagan, su muerte es un registro realizado por su esposa Rose en vídeo y fotografía, la última actuación de Bob en este mundo que por fin pudo dejar para que lo suframos nosotros.

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